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El Hobbit. La batalla de los 5 ejércitos, o de los 4, o puede que 3, 5…

Pues acabo de ver la película El Hobbit, la Batalla de los Cinco Ejércitos y me siento un poco estafado, la verdad. Con semejante título uno espera ver una batalla de cinco ejércitos, a saber: el de los hombres, el élfico, el enano y los dos ejércitos orcos, el de la fortaleza y el de Angmar, pero debo de haberme dormido o algo porque el quinto ejército no ha aparecido por ningún lado. Se supone que viene de Angmar, y salvo la típica docena de orcos frenéticos que aparecen luchando junto a Azog, el ejército nunca llega a la batalla.

Pero eso no es lo peor, lo peor es querer ver una batalla y salvo tres minutos de embestidas de un ejército contra otro (lo mejor de la película) pasamos a casi una hora de combates cuerpo a cuerpo entre callejuelas de piedra, con la auténtica batalla de fondo.

Y así, va pasando la película cada vez más lentamente… Hasta que se acaba.

Es la peor de las tres de “El Hobbit”, y la peor de las seis de la saga. También es la única película en la que he podido escuchar silbidos en la sala a la llegada de los títulos de crédito finales.

En fin, una lástima. He visto más emoción en demos del videojuego “Total War”

Tengo claro que se dejan algo para la versión extendida porque hay secuencias del tráiler que ni siquiera aparecen en la película, lo que también me lleva a pensar que me la han jugado un poquito.

Ahora sólo queda pensar si se atreverá a volver al universo Tolkien con alguna adaptación de El Silmarillion. Las casas de apuestas se centran en dos propuestas: La rebelión de Feänor o la historia de Beren y Luthien.

¿Tú cual elegirías

El Hobbit- la batalla de los cinco ejércitos

Beowulf desterrado

Beowulf, Michael Crichton y la creatividad literaria.

El país es Dinamarca, y la gran sala de celebraciones se llama Heorot. El monstruo Grendel ya ha matado a varios guerreros y se gira lentamente mientras mastica la cabeza de uno de ellos. Alguien le está llamando. Es el rey Hrotgar. Está en el centro de la estancia y levanta temblorosamente una espada. El ser, mitad diablo y mitad humano, escupe algo viscoso al suelo y valora con la mirada a su oponente.

Su mandíbula se mueve arriba y abajo y hacia los lados, de pronto un eco óseo entre sus dientes detiene el movimiento. El cuello del ogro se tensa empujando las muelas hasta machacar los huesos de su boca  y convertirlos en una papilla sanguinolenta.

El rey, asustado, da un paso atrás y tropieza con una silla. Cae de espaldas y la espada se le escapa de entre las manos.

Un error fatal. Se incorpora rápidamente esperando sentir el mortal ataque de la bestia. Cruza los brazos ante él a modo de escudo. Allí de pie, desarmado no tiene ninguna opción.

Es el fin del reinado de Hrotgar. Lo sabe. Entonces busca la espada con la mirada, esperando encontrar su brillo entre los charcos de hidromiel y las hogueras descontroladas. Si ha de morir, morirá como un guerrero, al modo vikingo.

Pero no la encuentra.

Pero hay algo más que no está.

Grendel se ha ido…

Beowulf es un extraño poema. Muy atípico. Su planteamiento es tan único que te lleva a pensar que no pertenece a la llamada “cultura popular” con sus clichés.

La película de Robert Zemeckis te acerca a la leyenda de una manera muy entretenida, pero su espectacularidad quizá te distraiga un poco del planteamiento.

Y la verdad es que el poema épico de Beowulf (el poema anglosajón más extenso) narra con detalle el ataque de un “jotun” u “ogro” a un reino danés. No habla de enfrentamientos entre reyes y guerreros, sino de un monstruo en plena época de las tinieblas.

A los jotun, o gigantes, considerados por el folclore escandinavo como una raza del pasado, se les atribuía la construcción de los dólmenes y menhires prehistóricos.

Siguiendo astutamente esta línea, el escritor Michael Crichton fantaseó sobre el origen de la leyenda de Beowulf. Consideró que la leyenda había sufrido una degeneración propia de los trovadores, tan tendentes a exagerar los atributos del monstruo. Crichton pensó que quizá la criatura que solía a atacar los aposentos de Hrotgar no era un ser gigante, sino varios de pequeño tamaño, y que eran horribles, pero no por ser sobrenaturales, sino simplemente porque no eran completamente humanos.

Chrichton consideró la posibilidad de que una de las últimas poblaciones de neandertales hubiesen logrado sobrevivir en Escandinavia hasta nuestros días, y que la historia de Beowulf ilustra el último choque entre las dos humanidades.

Una historia muy absorbente que podéis leer en la novela: “Devoradores de Cadáveres” o contemplar en la menos afortunada adaptación al cine: “El Guerrero Número 13”.

Recomiendo la novela, y en ella, el prólogo del autor. En él explica cómo un simple juego creativo entre dos compañeros de facultad te puede llevar hacia una buena idea para una historia (El grial para un escritor con una hoja en blanco delante).

Destierro de Beowulf

El Principito: Libertad en la Fantasía

Desde luego, nunca hubiese dicho, que “El Principito” fuese una fuente de inspiración para escribir “El Dragón de Frío”.

Y es que la obra del francés Antoine de Saint- Exupéry (el libro francés más leído y traducido) nunca llegó a caer en mis manos de niño. Si hago memoria, recuerdo haber visto una película sobre el personaje, pero también recuerdo vagamente que no alcanzaba a entender la historia. Ya de pequeño presentía que lo que allí se contaba, iba más dirigido a un mayor que a un niño.

Tres décadas después, un ejemplar cae en mis manos de manera casual, y casi sin ganas (y por descarte de otras opciones) lo empiezo a leer. No entraré en las interpretaciones de la historia, en su simbología y en sus personajes, lo que sí me sorprendió de aquella pequeña novela, fue su frescura. Para mí, desde mi limitado entender, El Principito es una novela transgresora que rompe los esquemas del cuento clásico. Corta las ataduras de cómo debemos (o yo entendía que debíamos) escribir. Su estilo y su planteamiento totalmente libre, su exposición del contenido, y los saltos fantásticos entre sus distintos capítulos, son una auténtica lección de libertad.

Es una novela muy cortita y la leí en apenas un día, y de ella saqué una conclusión básica: “Di lo que quieras decir y escríbelo como quieras”. Para mí, esta frase,  debe de ser el pistoletazo de salida para cualquier escritor novel (tal y como yo lo soy).

Una vez El Principito rompió mis esquemas de lo preconcebido, en menos de dos días, empezó a surgir la historia de “El Dragón de Frío” de la nada.

Es cierto que el contenido de la historia de El Dragón y de los cuentos recogidos en el “Libro de Mirm” beben de otras fuentes distintas a la de El Principito. Pero fue la obra de Saint- Exupéry la que apadrina su nacimiento. Por todo ello, le quiero dar las gracias, allá donde esté.

(Quiero imaginar que lee esto en uno de sus planetas de fantasía y que se le dibuja una sonrisa en la cara)

De nuevo, gracias.

El Principito de Antoine de Saint Exupery

El Principito de Antoine de Saint Exupery