Cuando cierras los ojos y mentalmente golpeas la piedra de pedernal, durante una fracción de segundo, una pequeña chispa ilumina una figura fantasmal. Por detrás de ella, el baile de sombras es mucho más fugaz que la luz. Los brazos de tiniebla giran como las aspas de un helicóptero y recorren un paisaje escondido que no se doblega a ninguna ley del Universo.

No te das cuenta de él. Te limitas a pensar en la criatura y en qué va a hacer. Pero el paisaje está ahí. No lo has invitado, no sabes realmente por qué ese y no otro. Pero el hecho es que se ha presentado, y enmarca perfectamente todo lo que quieres decir. Es un regalo de tu imaginación que pone a tu disposición el perfecto patio de recreo para que juegues.

Con el primer golpe, la familia de un herrero vive en una casa de piedra en el Monasterio de Glendalough.

Con el siguiente, una niña camina desolada por las colinas de Tallaght.

Un chispazo más y un Gigante duerme a la sombra de las montañas de Simat de la Valldigna.

Otra luz, y un niño contempla las estrellas junto a su padre en una cabaña de Beniatjar.

Otro golpe y una araña gigante teje laboriosamente una telaraña en un jardín dels Marenys de Rafalcaid.

Giran las sombras y sobrevuelan a un duende y un gato en una terraza de Villagarcía del Llano.

Resuena el pedernal y un troll arranca la corteza de los pinos de Marxuquera, otro paraje de La Safor.

Una nueva chispa y la sombra de un gran Búho sobrevuela el Faro de Cullera.

Otro eco y un Dragón se encorva desde las alturas para atacar la empedrada ciudadela de Altea.

Y así, golpe a golpe, chispa a chispa, te adentras en el mundo de fantasía de “El Dragón de Frío”.

Faro de Cullera

Faro de Cullera- El dragón de frío y hielo