¡Hola a todos! Cuando nos adentramos en un bosque por la noche, a solas, nuestra mente busca enemigos en todos los rincones sombríos. Son muchos los peligros que pueden estar escondidos detrás de un tronco seco abrigado por la penumbra. Entonces queremos salir de ahí y dar un salto, y por qué no: volar

Pero el cielo también puede reservarnos sorpresas (sobre todo si sobrevuelas la montaña-troll) Hay que ser precavido y pensar bien lo que haces ¡La caída puede ser muy dura!

Nuestro próximo participante puede que haya pensado en todo ello.

El siguiente dibujo nos llega desde Gavina Llibres. Su autor: Héctor Burguera.

Héctor Burguera

“Lo que vio no tenía explicación. Delante del dragón, una extraña nube revolvía la oscuridad a su alrededor. Tenía el doble del tamaño del dragón y se contraía y expandía como una obesa medusa negruzca. Volaba contra el viento y se dirigía directamente hacia ellos. Iba a atacarlos; sus gritos hendían el cielo con filos de rabia.

Entonces Lûnuen rugió de un modo diferente y extraño. Sus escamas resplandecieron y toda la piel de su cuerpo, desde la cabeza a la punta de la cola, reveló un bello dibujo de líneas plateadas que brillaron en la oscuridad como un tatuaje mágico.

Lucía se incorporó deslumbrada por aquellas líneas. Eran bellísimas. Tocó el cuello con la palma de las manos y sintió cómo un frío intenso y poderoso recorría su garganta. Entonces Lûnuen el Cruel abrió sus fauces.

Un nuevo bramido desgarró el cielo, pero esta vez no provenía de aquella nube, sino del propio dragón. Lucía cerró los ojos y se tapó los oídos para soportar aquel nuevo horror y el aura de un frío intenso la envolvió. Continuaba con los ojos cerrados cuando los gritos de la nube se convirtieron en aullidos de agonía…”