El rey Salomón, hijo de David, tercer (y último) monarca del gran reino unido de Israel. Una figura bíblica muy interesante de la que probablemente Tolkien tomó nota para recrear varios pasajes de su gran fantasía mitológica, y que podría considerarse como el primer Señor de los Anillos.

La primera característica que podemos aludir de este profeta es su legendaria sabiduría. Es muy conocido el pasaje en el que dos mujeres se disputan la maternidad de un recién nacido y para resolver el conflicto, acuden al rey para que mediara como juez. Salomón, escuchando a ambas, decide dividir al bebé en dos mitades con una espada, entregando sendas partes a cada mujer. A una ellas le parece una buena solución, pero la otra rompe a llorar desesperada, así averigua el rey quién es la auténtica madre.

Este pasaje es recogido tanto en la Biblia hebrea como en la cristiana como prueba de su sabiduría, aunque estudios modernos parecen indicar, que cuando estos textos nos hablan de “sabiduría” se refieren más exactamente a “conocimiento” y por tanto “seguimiento” de las leyes de Dios, y no como sinónimo de  inteligencia aplicada a nuestras experiencias (nuestra acepción más actual)

Otro tema realmente interesante es la famosa “Mesa del Rey Salomón”. Una mesa o mueble cubierto de metales preciosos donde al parecer, el rey habría inscrito una suerte de jeroglíficos donde indicaba las pistas necesarias para deducir el nombre de Dios ( el Shem Shemaforash) ya que era imposible escribirlo directamente, dada la majestuosidad de su poder, debido a que la simple pronunciación de su nombre provocaba el acto de crear.

¿Sería aventurado deducir que esta leyenda guarda alguna reminiscencia con el  “Ainulindalë”, primer libro de el Silmarillion, donde la música de los Ainur crearon y Arda? Es decir, la Tierra en la creación.

Si seguimos ahondando en los textos hebreos, y comparando con los cristianos, nos damos cuenta de que estos últimos han sufrido una gran mutilación. Y es que los primeros patriarcas cristianos que manipulaban los libros en las primeras versiones de la Biblia, tuvieron mucho empeño en no mencionar el pasaje en que, según parece, el Rey Salomón, ayudado por un anillo mágico, era capaz de capturar y someter a su voluntad a los demonios del desierto. Tal poder le confería el anillo, que ordenó a estos demonios la construcción del primer Templo de Jerusalén, la más grande de sus construcciones arquitectónicas, que debía alojar en su interior la famosa Arca de la Alianza.

El último punto sobre el que es interesante reflexionar es el hecho de que los textos hebreos continúan explicándonos cómo el rey, borracho de tanto poder y lujo, se aleja de la senda de la ley de Dios, arrastrando a su pueblo al materialismo, al fraude y al pecado  ¿El anillo lo corrompe?

Es tal la degeneración de Salomón, que parece enloquecer. Pierde la razón y se comporta como un animal salvaje. Se arrastra a cuatro patas desnudo por las estancias de palacio gruñendo como una especie de lobo.

¿Es esta una referencia a Gollum?

Al final el Rey se recupera, volviendo otra vez a ser sabio. Es entonces cuando aconseja a su pueblo que no siga su ejemplo, y escribe en el Eclesiastés aquella frase tan famosa: “Vanitas Vanitatum”

Vanidad de vanidades, todo es vanidad.

PD: Quiero aclarar que esta es una versión mitológica de los textos sustentada por varios estudios. Por otro lado existe una versión histórica, real y rigurosa sobre el auge y caída del reino de Salomón.