Cuando era niño me encantaba ver dibujos animados (como a todos los demás niños, supongo) Entre las primeras series que recuerdo haber contemplado  se encontraba “David El gnomo”, y aunque la veía atentamente con actitud estoica (porque son dibujos y era un niño, por tanto tenía un deber ineludible de verla de arriba abajo, títulos de crédito incluidos) recuerdo que, ya en aquella época,  me parecía bastante insulsa. Pero ahí estaba yo, viéndola una y otra vez esperando que saliesen los personajes por los que yo sentía auténtica curiosidad, y estos eran los trolls.

En la serie eran “los malvados” simbolizaban el peligro y siempre perseguían a David el gnomo entre los árboles. Eran trolls como manda el arquetipo de “malo” para niños pequeños, es decir, feos, torpes, de pocas luces, algo cobardes y debiluchos. Yo siempre me he preguntado por qué David, si era siete veces más fuerte que yo, no se enfrentaba a ellos y les daba una buena zurra, pero él siempre prefería escapar y reunirse con su mujer bajo el árbol (Por cierto, su caracterización y su estilo de vida se parecen sospechosamente a la de Tom Bombadil)

Dejé de ver la serie, como es natural, a medida que te vas haciendo mayor. Te interesan otro tipo de contenidos y los dibujos animados para niño quedan atrás.

Pasan los años (casi tres décadas)  y un día me siento en el cine para ver la película “The troll Hunter”. No tenía un interés especial en verla, simplemente quería una tarde de cine y la elijo por descarte de todas las demás, que suelen ser películas de dibujos y animación para niños (estos niños siempre fastidiando)  😀

Entonces me llevo una gran sorpresa. Una película noruega que trata sobre un cazador de trolls. Un falso documental hecho con mucho detalle e interés. Resultó ser un éxito total en Noruega, aquí en España pasó casi desapercibida. Es cierto que el guión no es gran cosa, pero la caracterización de los diferentes trolls de la película son de premio de festival.

Aquí los trolls son unas bestias realmente peligrosas. Su aspecto es grotesco y  repelente y su edad puede sobrepasar el milenio. Existen varias razas y todas son agresivas con el hombre, especialmente con los cristianos, porque el olor de su sangre les atrae de un modo particular.

Entonces me doy cuenta de que desde que era niño, nunca había leído ni vuelto a ver en el cine nada referente a este tipo de criaturas. Me gusta la literatura fantástica y he leído mucho de ella, pero en España, en su tradición y cultura, no existen este tipo de seres.

Cuando somos niños, nuestros abuelos y abuelas nos cuentan cuentos de reyes, dragones, hadas, duendes y demás criaturas, pero los trolls no aparecen. No forma parte de nuestro legendarium.

Siendo totalmente sincero, sí que tomé contacto con ellos en la trilogía de “El Señor de los Anillos” pero Tolkien apenas pone un verdadero interés sobre ellos. Lo mismo ocurre en el Silmarillion. Algunos pensaréis que sí que los trata como merecen en el Hobbit, pero opino que estos trolls con capacidad de hablar y con actitudes pueriles, desvirtúan el auténtico mito de estas criaturas.

Y es que los Trolls eran la personificación del mal en el Norte de Europa. Tienen una historia negra que nace en las mitologías nórdicas y que más recientemente, en la Edad Media, fue reavivada por la mismísima Iglesia Católica.

Sabemos que la representación del diablo para los cristianos es la de un ángel transfigurado en cabra. Esta no deja de ser una adaptación del dios griego Pan (se sabe que todas las religiones copian a alguna anterior). Pero parece ser que esta figura no caló en los territorios evangelizados por aquel entonces. En la Edad Media, la Iglesia se asentaba en el Norte de Europa y se encontró que allí ya tenían sus propios diablos.

Estos diablos propios, y su verdadera historia los trataremos en la próxima entrada del Blog.

 

Saludos y gracias.